Miu Miu, Louboutin y las chonis

Antes de nada, estudiemos la definición que da la Frikipedia sobre las chonis.

” Dícese de la subespecie de Cani que por definición es mujer, o intento de mujer. […] La jessi prototípica suele ser de raza blanca. De complexiones varias: desde canija-que-da-miedo-que-se-vaya-volando a gorda-poluta. Aunque en el mundo jessi se busca siempre llegar al primero de los casos. Pueden ser o muy muy morenas o muy muy rubias -desde el negro azulado hasta el rubio oxigenado.”  (Definición completa, aquí)

Vamos, que para más señas, son gente maleducada y sin cerebro. El caso es que el mundo de las chonis desarrolla un interés muy extraño por las marcas, en cuanto a moda se refiere. Desde las chonis más extremas (véase el chándal y los oros) hasta las chonis que se hacen pasar por pijas (indumentaria de Stradivarius o Bershka, ahora van de modositas de Blanco) tienen una extraña obsesión por las marcas, y cuanto más caras o más grandes sean sus logos en accesorios, mejor. La primera vez que me encontré con uno de estos casos fue con una choni que trabajaba conmigo en mi época de dependienta-a-la-par-que-estudiante que presumía que sus gafas de sol solo podían ser “del Dolcheangabana”. Yo la miraba con estupor, e intenté explicarme por qué esto pasaba. Y como no me he recuperado, voy a relatar cierto episodio que sucedió en la estación hace unos días.
Situación: choni con su madre (también choni) en la estación, esperando, con maletas de colores chillones, según la madre “para que se distingan”. Sin poder evitarlo, me quedé mirando a la hija choni, y la verdad, no puedo quitarme la imagen. Total look en denim: pantalones ultra-mega-ajustados, camiseta con falso estampado vaquero, chaleco también ajustado hasta niveles donde el oxígeno no llega; y con unos tacones de color blanco con pedreria de colores (y eso que los tacones de unos 12cm le hacían medir 1,50m). Pero esa imagen no era la peor, no. Lo peor era su pelo. Horrible. Largura hasta la cintura más o menos, rubio… pero con unas raíces negras hasta la altura de las orejas. ¿Es justo tener que ver eso? ¿Por qué no teñirse? Para qué, ella es choni.
Madre: Vigila las maletas, y sobre todo, no pierdas las gafas.
Choni: Dejahmeh en paz, mañaaa.
Y con estupor, compruebo a qué se refiere: la choni maldita lleva las gafas detrás de las que servidora iba detrás el año pasado, el modelo 66HS Lilac de MIU MIU, o popularmente, las butterfly (pongo la promo de la marca con Kirsten Dunst por dar un poco de glamour al asunto). 
Al borde del infarto de miocardio, pienso qué pensaría la señora Miucca Prada si viese que la choni llevaba su modelo en la cabeza. Por si fuera poco, casualmente (y digo casualmente, no digo que nadie me castigue) la choni en cuestión tenía el sitio detrás de mi. La choni se pasó las 4 horas que duraba el viaje hablando sola, metiéndose con tres pobres italianas que tenía detrás a grito pelao y por si fuese poco, abrió una coca-cola agitada que derramó en el asiento delantero. Sí, el mío (para vuestro interés, no me duchó). 
Me pregunto: ¿por qué sucede esto? No hace demasiado también oí a una de esas chonis-reconvertidas-en-pijas a lo Amy Winehouse (no con su super cardado, pero con ese aire de choni que da dolor de tripa) que pretendía comprarse unos zapatos lusbutón. Reconozco que sentí un escalofrío cuando lo oí. ¿Louis Vuitton? No, al cabo del tiempo llegué a la conclusión de que eran unos Louboutin.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
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