Conversaciones con mi pelo (I)

Todo aquel que me conoce sabe que mi pelo es la parte de mi que más me preocupa. Vale que quizá pueda parecer obsesión, pero para alguien que ha tenido que controlarlo desde que tenía apenas seis años (y le pedi educadamente a mi madre que dejara de ponerme lacitos y demás parafernalia) es normal.
Hoy, mi pelo se ha levantado con esos tirabuzones propios de haber estado peleando a muerte con la almohada. Los odio, porque luego no hay quien los calme. 
He cambiado de look unas 120 veces desde que me conozco. Nací como afro baby, luego mi madre decidió que jamás me cortaría el pelo: imagináos una pobre niña pequeña con una laaaaarga melena rizada hasta el punto que debía lavarme el pelo a diario para poder peinarme (lloros incluidos a la hora de desenredar). Harta de ello, decidí cortármelo yo personalmente, después de una serie de hechos que es mejor no recordar, lo cual fue un desastre. Horrible. ¿Os acordáis del Príncipe de Bekelaer? Imagináos a ese con el pelo rizado y un pasador. Sí. Yo.
Una vez que los alisados de peluquería se hicieron compañeros inseparables míos, aprendí a domar mi pelo liso. Claro que, no existían las planchas de pelo. Ahahahá. Adivinad con qué me alisaba. Exacto.
Tras el dominio del alisado con ciertos electrodomésticos, mis padres me regalaron una plancha por Navidad. Una pedazo de plancha de esas antiguas, pero al menos podía llevar el pelo liso. Luego llegó el tinte. Y claro, alguien como yo, que se aburre de su pelo cada cinco minutos,´tenia que probar toooooda la gama de color. Fue naranja. ¡Naranja! Y negro. Y rojo, a lo Mary Jane Watson (claro que ese duró apenas media hora, porque fui a casa y mi madre me mandó de una patada a la peluquería otra vez. Esa fue la última vez que me teñí a lo loco, más que nada porque mi pelo dijo “hasta aquí hemos llegado”). 
Luego caí en buenas manos. Fue cuando empecé a tratar mi pelo con productos decentes y comenzó a recuperar la vida. No es un secreto que soy ultra fan de los productos de TIGI, así que recomiendo el champú & acondicionador Urban Antidotes Resurrection a todas aquellas que hayáis tenido tantos problemas como yo abusando de todos los tintes, etc. que no debíais.
¡Ah! Y las GHD, planchas que he recomendado a toooooodas mis amigas (y que muy acertadamente se han comprado, es una inversión de futuro). Sin ellas no habría podido hacer eso de “por una vez en la vida” probar el look pixie (impensable hace diez años) o el bob. 
Hoy me he levantado con el pelo p’atrás. Veremos qué tal se nos da. Además, quiero ser rubia “por una vez en la vida”, pero de momento las votaciones están 5 al “no” y 2 al “si”. Mi querida amiga Eleni ha sugerido que me compre una peluca afro rosa. Lo último que me queda, vamos.
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