Pechos grandes: ¿un problema?

Tetas.
Ahora que he llamado vuestra atención, os preguntaréis por qué he titulado el post de esta manera, pero es nada más y nada menos porque vamos a hablar de pechos. En concreto, de pechos grandes, y de la poca variedad de sujetadores que existen en el mercado.
Cuando yo era más joven y de repente tuve una delantera que era demasiado para mi edad y el hecho de ser una pre-adolescente rodeada de pre-adolescentes en un colegio de pre-adolescentes (todos los cursos, sí) me hizo hacer cosas rarísimas. A 45 grados a la sombra y bajando al parque, yo me vendaba mis pechos con cinta aislante. Aun me pregunto como no morí asfixiada, porque sí es verdad que no podía casi respirar. La idea me vino de la película Now and Then (Amigas Para Siempre), en la que la joven Roberta (Christina Ricci) se vendaba los pechos de esa manera para salir a jugar. Tampoco respiraba, pero luego besaba a Devon Sawa, que también da puntos.
El caso es que mi pobre madre me compró sujetadores reductores (carísimos y solo en mercerías de abuela), así que mi adolescencia la pasé así. Creo que nunca se me olvidará la sensación que tuve al ponerme mi primer sujetador reductor. Reducía. Aquello. Yo era bastante feliz y la verdad que me daba igual jugar que saltar que cualquier cosa. El único problema es que, con el paso del tiempo, mostrábamos más nuestra ropa interior, y aquellos sujetadores (sin parte de abajo a juego, of course) pasaron a ser algo más propio de la Tercera Edad que de otra cosa, y me fui a la busca del sujetador perfecto. Para eso hacen falta un par de cosas:

1. Convencerte a tí misma que tu talla no pertenece a tiendas como Oysho o Women’s Secret. NO HAY MANERA de meterse en un mini sujetador de esos, por mucho que el número de la talla lo diga.
2. La talla no es solo el número, la letra que lo acompaña es lo más importante. No hay equivalencias de una talla a otra, por mucho que penséis que sí.
3. Lo mejor que se puede hacer y que solucionará todos tus problemas es irte a alguna tienda especializada (yo lo hice en La Senza, pero supongo que en El Corte Inglés lo harán) para que te hagan un bra-fitting (tomar medidas de pecho) para saber EXACTAMENTE cuál es tu talla y actuar en consecuencia. Serás más feliz, doy fe.

En ASOS existe una colección especial, llamada DD+, que concrega a algunas de las mejores marcas, como Curvy Kate, Lepel Froye o Gossard. No dejéis de echarle un ojo aquí, porque suelen ser los que mejor están de precio.

New Look lanzó hace un par de temporadas una colección firmada por la actriz y modelo Kelly Brook. ¿El estilo? Muy pin up y realzante de curvas como las de la propia Kelly. Lo mejor es que incluía una sección de lencería, y tallas grandes. Los modelos, son los más bonitos, en mi opinión.

Y yo compro en La Senza. Fueron los primeros sujetadores que conseguí y los que uso a diario. Mis dolores de espalda cesaron y la verdad es que empiezas a ver una vida nueva. No lo digo en plan broma, si tenéis este “problema” sabréis de lo que estoy hablando.
No dudéis en preguntarme si tenéis alguna duda!
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Cosillas que se me ha olvidado contaros esta semana (XVI)

Vaya semana… Se me está yendo la cabeza y necesito vacaciones: es oficial. Me queda menos de una semana para cumplir otros veintitantos (y acercarme peligrosamente a la treintena), pero eso también significa que me queda aún menos para irme de vacaciones (cosa para la que no puedo esperar)
Lo único que me ha emocionado (y parece algo extraño que sea así, dado su contenido) ha sido ver a Topanga Lawrence aka Danielle Fishel en la portada de Maxim. ¿Y por qué? Porque significa que Girl Meets World, la secuela de Yo, y el Mundo (Boy Meets World) está cerca, queridos, muy cerca. Y yo no podría estar más emocionada, me la pienso tragar de principio a fin.
Otra cosa que también me emociona (y no debería, porque van a terminar con lo que fue) es que el reparto original de Star Wars (Harrison Ford, Carrie Fisher y Mark Hammil) vayan a estar en la nueva trilogía, empezando por el Episodio VII. 
En otra de noticias “interesantes”, Kim Kardashian tuvo un susto la semana pasada, en el vuelo que volvía de París (ha estado con Kanye dando vueltas por la Paris Fashion Week), con un amago de aborto. Los médicos le han dicho que pare el ritmo, ya que las consecuencias podrían ser terribles, teniendo en cuenta que está aún en el primer trimestre. Mis consejos para esta mujer (y qué horrenda va últimamente):
1. No más Spandex.
2. Usa ropa pre-mamá adecuada. Ignora los consejos de Kanye West.
3. No más ejercicio para que evitar que tu culo se expanda. Es una cosa natural.
4. Acepta que estás embarazada.
5. Deja de dar vueltas por el mundo.
Si lo está, porque yo sigo manteniendo la teoría de que todo ésto es fachada (lo cual, de ser cierto, me daría bastante repulsión y pena -más lo primero). No puede ser que no se le note todavía, dada su estructura corporal.
Culebrón al canto: Miley Cyrus debe de llevar el mosqueo del siglo con su prometido, Liam Hemsworth. El actor australiano apareció la semana pasada en unas fotos tras la fiesta de Vanity Fair por los Oscars acompañado por January Jones (¿os acordáis del culebrón de X-Men, y la paternidad de su hijo Xander, no?). El caso es que se rumoreó que abandonaron la fiesta juntos y que durante la misma no dejaron de hablar y coquetear el uno con el otro. ¿Lo gracioso de la historia? Liam lo desmintió, y en los corrillos de Hollywood se dice que a por quien iba en realidad era a por Emma Watson. Oops.
¿Os acordáis de Amanda Bynes? La que fue niña favorita de Nickelodeon aparece con un nuevo look más que dudoso. Claro que, tal y como se la veía últimamente, igual es mejor (no).
Una nueva pareja surge, aunque igual a la mitad de vosotros no os dice mucho. Marc Anthony, el que fuese marido de Jennifer López y tiene canciones tan pegadizas como Valió la Pena, está saliendo con Chloé Green. Seguramente no os dice nada el nombre, pero es la heredera billonaria de la cadena Topshop. La británica, de 21 años (ay, Marco Antonio) es famosilla por aquí, tras su aparición en el reality Made In Chelsea (del que soy adicta), y se ha dejado ver con el amigo Marc y sus hijos con J.Lo, Max y Emme, de lo más apañados en Disneyworld. ¡A ver cuánto duran!

Y en mi nota personal, y gracias a Pinterest, he descubierto a la maquilladora profesional sueca Linda Hallberg (estas suecas… malditas sean que todo les queda bien!) Echad un ojo a su blog/página personal porque no tiene desperdicio: sus looks naturales y juegos con sombras son una maravilla. 
Y para maravilla, cualquier cosa que se ponga Victoria Beckham. Solo de ver éstos últimos, me muero de la envidia. ¡Incluso con botines planos Chelsea está increíble! Nota mental: hacerme con ese abrigo.

Justin Bieber es hospitalizado

Sinceramente, lo veía venir. Me hace gracia como los cantantes de pop que están rondando por el panorama de las celebrities en los últimos años se presionan más allá que su cuerpo dice “basta” por vender y seguir en lo alto en ventas. Que sí, que entiendo que es un mercado competitivo y blablabla, pero a nadie le apetece pagar un dineral en una entrada a un concierto para ver cómo a Lady Gaga le empieza a salir el estómago por la boca porque tiene un virus estomacal (tipo el que tuve yo la semana pasada, y NO es agradable. Aunque si queréis, lo repito con entradas a setenta pavos, a mi me da igual).
Bien pensado, hay gente que hace muchas estupideces. Cuando tenía ocho años, estaba de moda Bom Bom Chip! (y el que diga que no era fan, nacido en España entre 1981 y 1987, miente como un bellaco) y yo, como el resto de niñas, estaba enamorada hasta las trancas de Sergio Martín (ahora Sergio Martinez, según Disney Channel – que por cierto, es un Keanu Reeves, este muchacho no envejece!) y en uno de sus conciertos infantiles de Navidad (sí, obligaba a mi madre a tragárselos, igual que la pobre mujer se tragó a los Backstreet Boys) estaba yo con otra amiga dándolo todo en primera fila (recordemos que teníamos como siete u ocho años) y aparecieron con un bote de espuma, que tiraron a diestro y siniestro. Recuerdo que el muchacho este nos dejó echas un cristo, pero dijimos algo asi como que no nos lavaríamos más. Visto ahora y contado por mí, es un episodio bastante extraño y siniestro (por dios, no saquemos las connotaciones eróticas al asunto, acababan de estrenar Aladdin), pero que me sirve para intentar entender lo que sufren las fans de Bieber en sus conciertos.
El otro día, Justin Bieber salió dos horas tarde al escenario no se sabe aun muy bien por qué, en su concierto en el O2 Academy de Londres. No sé si en Canadá los horarios de transporte público seran diferentes, pero aquí como máximo a las once de la noche ya no tienes cómo volver a casa a no ser que quieras empeñar un riñon en un taxi. Bueno, pues el concierto en cuestión, que empezaba de por sí tarde para ser una noche de escuela al día siguiente, fue un fracaso. Padres se llevaban a hijas llorando debido a dicho retraso, para poder coger el último tren. Bieber, te debes a tus fans, mira que edad tienen.
Y el pasado miercoles canceló otro, también en Londres. ¿El motivo? Se ahogaba y por lo visto, se desmayó en el escenario. su manager, Scooter Braun, intentó explicar la situación. De People:

“Justin tiene dificultades para respirar. Ha estado protestando todo el concierto y ahora están en la zona de backstage con los servicios médicos. Le están diciendo que quieren que vaya a ver a alguien para que le diga qué pasa con sus pulmones

Yo te diré lo que te pasa: se llama fumar marihuana. Y pasearse medio en bolas por todo Londres a medianoche cuando el tiempo no acompaña, Justin Bieber (por cierto, no tiene una madre que le diga que “ande derecho”?) Va a nevar este fin de semana otra vez, tenemos el peor temporal de los últimos años. A eso se le llaman anginas. Y añadele que Chris Brown te ha enseñado a fumar marihuana. Estás podrido, chaval. Pero una niña de 14 años que obliga a su madre a ir a verte por 70 u 80 euros, no se lo merece.
Bieber volvió al escenario después, pero aparentemente ha sido hospitalizado. Me veo una crisis nerviosa a lo Britney en 3…2…1…

Anne Hathaway y el caso del vestido

Cuando tenía unos quince años, el grupo Inditex comercializó unos pantalones (que según mis calculos volverán el año que viene si la moda sigue como sigue en este momento) ajustadísimos con acabado bootcut en una amplia gama de colores y que sacaban lo peor mejor de ti y tu figura pre-adolescente. Bueno, prácticamente todo mi grupo de amigas decidió que dicho modelo de pantalón en color rojo vibrante causaría sensación los fines de semana (adecuadamente conjuntado con calzado -bota o botín- Mustang circa 1998 y parte de arriba de color negro, acompañado con sombra de ojos rosa -o gris para aquellas más rock-) y así todos nuestros armarios tenían uno, en diferentes tallas (debido a dicho cuerpo pre-adolescente). 
Una de ellas creyó que era la única que podía llevarlos sin avisar. Recuerdo perfectamente que ni siquiera fue la primera en comprarlos, pero montaba un número increíble cada vez que a otra de nosotras se nos ocurría ponérnoslos. Es más, era capaz de perseguirte y sacarte defectos toda la tarde para asegurarse de que no te los volvieses a poner nunca. Creo que desde entonces no he vuelto a ponerme un pantalón rojo (o a comprarme nada parecido a lo que ella tenga solo por no oirla)
Pero mi amiga no es la única, hay un montón de chicas así. Estoy segura que en vuestro grupo de amigas siempre está la típica amiga X que te dice “Huy, qué bonito tu (inserta aquí prenda), ¿dónde te lo has comprado?” para luego aparecer con algo similar, que otra gente lo alabe, aparezcas tú con tu prenda original y te digan “Anda, X tiene uno super parecido/a“. Y claro, por dentro se te recomen los demonios.
Supongo que algo así le debió de suceder a Anne Hathaway el otro día, la tarde de los Oscars. La actriz, que ganó como Mejor Actriz de Reparto por su papel en Les Misérables, no se coló en la lista de las mejor vestidas porque en el último minuto cambió su elección y, en lugar de aparecer con un Valentino (firma que siempre lleva, incluida en su boda) pisó la alfombra roja vestida con un Prada rosa palo bastante polémico (al que le hacía falta un sujetador)
Al día siguiente, la actriz emitió un (¿era realmente necesario?) comunicado refiriéndose al vestido elegido y pidiendo disculpas a la casa Valentino por el cambio:

“Me llamó la atención el pasado sábado noche que había un vestido que iba a ser llevado a los Oscars que es muy similar al Valentino que pensaba llevar, por lo que decidí que lo mejor para todos los implicados era cambiar mis planes. A pesar de que me encantaba el vestido que llevé, fue una decisión difícil de último minuto ya que pensaba vestir de Valentino en honor a la profunda y significativa relación que he disfrutado con la casa y con Valentino yo misma. Me arrepiento profundamente de cualquier decepción causada.”

Todos vimos a Amanda Seyfried espectacular en un Alexander McQueen, muy similar al vestido elegido por Anne al inicio (dcha):
Los rumores dicen que Anne Hathaway se volvió loca de remate al ver el vestido de Seyfried mientras ensayaban, y le pidió a ésta que se lo cambiara, (no se sabe si porque estaba muy segura de que iba a ganar o de por qué) pero vamos, que Amanda Seyfried la miró con cara de quémestáscontando y no se lo cambió. Anne Hathaway tuvo una crisis nerviosa la tarde antes y apareció con el Prada dichoso.
Sí es cierto que hubiese sido comentado de haberse presentado con el Valentino, pero… ¿era realmente necesario armar tanto jaleo por un vestido? Entiendo todo el rollo de los Oscars y tal, que las casas de moda de alta costura tienen publicidad, sobre todo de los ganadores, pero… en serio: ¿era necesario?
Yo si hubiese sido ella me habría puesto el vestido azul de Yves Saint-Laurent que llevó luego a la fiesta de Vanity Fair.